He estado ligado al campo desde que tengo uso de razón,
mis primeros recuerdos son: una chacra que mi abuelo paterno, Leonardo,
que había llegado a la argentina desde su España natal, a
principios del siglo XX, tenia en la zona de Chacabuco, en el oeste de la
provincia de Buenos Aires, y el carro cargado de medias reses vacunas que
mi abuelo materno Nicolás di Rocco, repartía por su ciudad
de adopción, Tres Arroyos, en el sudeste de la provincia de Buenos
Aires. Andando el tiempo, mi padre Leonardo Venancio, cortador de sedas,
agrimensor y jugador de ajedrez, paseó su humanidad por los caminos
de la Argentina.
Afincado en Pedro Luro, al sur de la provincia de Buenos Aires, llegó
a tener un campo de riego en la incipiente zona de los canales del Colorado,
donde también ejercía su profesión de agrimensor con
el teodolito a cuestas, tiempos de mensura sin láser, a mediados
de los 60s. Como no podía ser de otra manera, yo, tercera generación
de Martín en la Argentina, ingresé en una empresa de acopios
de cereales que ejercía su influencia en el partido de Villarino,
al sur de Bahía Blanca, fui acopiador yo mismo y sigo ligado al campo
por mis amigos, mis contactos y mis negocios.